EL ÚLTIMO TISHÁ BE AV

Sentada en el suelo a solas, Sara come su Seudá Hamafseket pasado levemente por ceniza. Solo es pan, agua y un huevo duro. Esta será su última comida antes de entrar en el ayuno de 24 horas porque hoy al ocultarse el sol, se conmemorará una vez más la fecha más triste de todo el calendario judío. El Tishá be Av. El huevo duro tiene una doble significación, la primera es por su forma redonda que simboliza en ciclo de la vida. La segunda es el cambio en el estado físico ocurrido al estar en contacto con el calor, esto representa la supervivencia del pueblo judío a pesar de tantos intentos de exterminio.

Tishá significa nueve (9) y Av es el quinto mes del calendario judío, cuando decimos Tishá be Av, simplemente estamos nombrando una fecha, el nueve de Av. El calendario judío se fecha desde la creación del mundo hasta nuestros días, por eso cuentan hasta hoy 5871 años, según la tradición judía que computa los años transcurridos por medio del estudio de las genealogías.

Sara no podrá mostrar alegría en ninguna forma, tampoco podrá dar o recibir ninguna forma de afecto corporal, no podrá bañarse ni utilizar ningún tipo de producto destinado al higiene o al arreglo personal, está restringido el saludar y ofrecer regalos, incluso debe abstenerse de estudiar libremente la Torá, solamente se leen ciertas porciones relacionadas con los fatídicos acontecimientos que se recuerdan en esta fecha, siendo la más resaltante el libro de Lamentaciones.

Esta peculiar festividad propia del judaísmo rabínico, es una conmemoración de cinco eventos trascendentales en la historia judía, aunque hay más sucesos que según la tradición coinciden con esta misma fecha. estos acontecimientos son: el decreto divino que prohibió a los adultos el entrar a la tierra prometida, la destrucción del primer templo en manos de los babilonio, la destrucción del segundo templo en manos de los romanos, La llamada revuelta de Bar Kojba que fue totalmente abatida por Adriano y la devastación de Rufus, después de la cual Jerusalén fue reconstruida como una ciudad pagana y se prohibió el acceso a los judíos.

Una vez al año, Sara estará absolutamente triste, trayendo a su memoria una y otra vez estos duros momentos que vivieron sus antepasados, buscando que de alguna forma el dolor cumpla como penitencia y el oprobio sea retirado de su amada nación. Desde el punto de vista espiritual, podemos objetar tanto las prácticas como el propósito de este día, sabiendo que estamos llamados a vivir gozosos, recibiendo la gracia por medio de Jesucristo, nuestro único y suficiente salvador. Filipenses 4:4

Regocijaos en el Señor siempre.
Otra vez digo: !!Regocijaos!

Quizá te sorprenda saber que el ser humano suele conmemorar un Tishá be Av más dilatado, mientras los rabínicos la limitan de puesta de sol a puesta de sol, durando en ciertas ubicaciones geográficas un poco más de 25 horas; el corazón humano repite día tras día un peculiar Tishá be Av, prolongándolo incluso por años. Hoy levantamos la voz para decir ¡Basta! es tiempo de cambiar las cosas.

Bienvenidos al Ministerio Femenino Laico VasoFragilVen, hoy con una interesante reflexión titulada:

“El último Tishá be Av”

Muchos de nosotros hemos vivido situaciones realmente dolorosas, en ocasiones los agresores o culpables de nuestro dolor son personas muy cercanas: amigos, pareja y hasta la misma familia. Naturalmente necesitamos un tiempo de duelo para recuperarnos de estos episodios, incluso puede ser necesaria la asistencia psicológica, pero para nuestra salud integral, es necesario superarlo, perdonar y seguir adelante con nuestras vidas.

¿Qué pasa cuando decidimos perpetuar el dolor?

Revivir una y otra vez las ofensas, abusos y agresiones contribuye a mantener abiertas las heridas del alma llenando el corazón de resentimiento y enojo. Nosotros mismos nos mutilamos emocional y espiritualmente, agravando nuestro estado cada vez más. Si no tenemos idea de cómo escapar, es tiempo de buscar ayuda.

¿Cómo nos va con los conflictos menos trascendentales?

Muchas veces hemos sido librados de grandes calamidades y nuestros problemas se reducen a peleas, discusiones, malos entendidos, desavenencias, incompatibilidad,  envidias y tratos poco corteses. A pesar de ser situaciones más manejables, por orgullo hemos decidido no dar nuestro brazo a torcer, retiramos el habla, ignoramos, restringimos toda muestra de afecto, evitamos el contacto, permanecemos separados y todo esto a pesar de que pasado el tiempo, solemos olvidar la razón de nuestro enojo o considerando fríamente las cosas, llegamos a pensar que le atribuimos demasiada importancia y que podríamos haber reaccionado mejor.

Si al recordar lo sucedido, podemos reconocer que tuvimos parte de la culpa, si al madurar sentimos vergüenza de nuestras infantiles reacciones, si hemos recibido consejos y se han repetido episodios donde es evidente un problema de carácter, ¿por qué decidimos extender el conflicto cuando es nuestro deber buscar la reconciliación? ¿por qué nuestro orgullo tiene más fuerza que la razón e incluso que el afecto que sentimos? ¿de qué sirve fingir que no nos afecta? gobernados por resentimientos, enemistades y amargura aún nos atrevemos a llamarnos cristianos, como si el cielo no pudiera ver el decadente espectáculo que brinda nuestra vida. Jeremías 17:9-10 nos dice:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso;
¿quién lo conocerá?
Yo Jehová, que escudriño la mente,
que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, 
según el fruto de sus obras.

¿Qué pasa si me rechazan?

El miedo al rechazo puede paralizarnos, es una posibilidad real y desafortunadamente nuestra disposición a abandonar el conflicto no siempre resuelve las cosas, hay ocasiones en las que hemos causado mucho daño y no es posible restaurar las relaciones, otras veces el haber dejado que pasara el tiempo constituyó nuestro más grave error. A parte de todo esto, puede ser que simplemente la otra persona no está preparada para perdonar y admitir sus responsabilidades en el conflicto. Pero si tomamos el valor de acercarnos, si abrimos el corazón perdonando y pidiendo perdón, habremos hecho nuestra parte y recibiremos la aprobación del cielo.

Romanos 12:17-19

“No paguéis a nadie mal por mal;
procurad lo bueno delante de todos los hombres.
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros,
estad en paz con todos los hombres.

No os venguéis vosotros mismos, amados míos,
sino dejad lugar a la ira de Dios; porque

escrito está: Mía es la venganza,
yo pagaré, dice el Señor.

¿Qué hago cuando mi tristeza es por lo que no soy, no tengo o no puedo lograr?

            Lamentarme por lo que no soy, no tengo o no puedo hacer, nos impide apreciar lo que somos, lo que tenemos y lo que si podemos hacer. Diariamente recibimos bendiciones del cielo y deberíamos vivir agradecidos por ello. No debemos ser conformistas, siempre que nuestras aspiraciones sean santificadas y sirvan para potenciarnos a la superación personal y espiritual. Todo aquello que salga de nuestras manos hacerlo realidad, hemos de abandonarlo a los pies de Cristo y esperar con fe su resolución. Ana vivía sumergida en la más terrible tristeza, incluso llegó al punto de perder el apetito. Pero no se quedó así, derramó su espíritu en oración por ser estéril, no había posibilidad de que pudiera cambiar esa condición, pero con fe la presentó ante el único que podía modificar su historia, luego se levantó habiendo sido reconfortada por Dios, comió y no estuvo más triste. 1 Samuel 1:18

Filipenses 4:6-7 dice:

“Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego,
con acción de gracias. Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús.

Mientras considerábamos estos pasajes, el Señor trajo a tu mente algunas personas; por diferentes razones han permanecido enemistados, se han dejado de mostrar afecto o quizás simplemente han perdido la comunión que un día disfrutaban. Es imposible no reconocernos entre aquellos que a veces sin pensarlo, hemos decidido vivir tristes. Día tras día, mes tras mes, año tras año, hemos perpetuado el Tishá be Av.

“Y Jehová dijo a Caín:
¿Dónde está Abel tu hermano?
Y él respondió: No sé.
¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”
Génesis 4:9

Hoy por la gracia de nuestro Dios se nos dirige la misma pregunta en diferentes formas:

¿Dónde está tu hermano?
¿Dónde está tu esposa?
¿Dónde está tu hijo?
¿Dónde está tu amiga?

El Espíritu Santo pueda obrar en cada uno de nuestros corazones, para que podamos responder con sabiduría a su clemente llamado. No seamos oidores olvidadizos y tengamos determinación para declarar:

¡Hoy es mi último Tishá be Av!

Nathalie Bencomo

2 comentarios

  1. Interesante tema. Ciertamente considero que muchos podemos ser participantes del tishá be av.
    Porque al no cerrar una página por dolorosa que sea lo vivimos. No apreciamos la libertad que nos regaló el Señor Jesús al ser crucificado.

  2. Que hermoso artículo. Dios sea el proveedor de nuestras fuerzas para no vivir mas en el Tishá be Av! Hoy le digo adios a mi Tishá be Av. Gracias Señor por darme tanto!!!!

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